dimecres, 7 d’agost del 2013

Dimmi...

Caro, Ti voglio tanto bene, 
Non ho nessuno al mondo
Più caro di te.


Tengo un catire catalán. D. es un rubio de cabellos largos y recogidos en una coleta de bucles suaves. Tiene los ojos más azules que he visto en mi vida y una sonrisa que hechiza. Al menos a mi me embrujó desde el primer día, cuando me habló con su perfecto catalán mirándome y desnudándome con los ojos. Hay personas que se cruzan en tu camino y parecen ángeles. Más de una vez, aún sin saberlo, ha salvado mi vida de precipicios de desesperación y miedo. No sé si es amor lo que siento por él. Mejor dicho: sí. Lo amo a mi manera, que no es cualquier manera. Lo amo cuando lo escucho contar sus vivencias, sus puntos de vista, sus miedos. Lo amo cuando me explica sus proyectos y lo veo cumplir sus objetivos con éxitos. Lo amo cuando lo veo triste, porque no puedo hacer nada más que amarlo para remediarlo y no lo consigo. Lo amo cuando se ríe de mis tonterías, cuando ronca y se ríe soñando. Admiro como supera sus dificultades y sigue adelante. Amo su sensibilidad, la afinidad que tiene para relacionarse con otras culturas, sus gestos de bondad cuando lo he necesitado y cuando no también. Me enloquecen sus besos, sus gemidos, sus dedos locos. Disfruto jugando con su cabello y sintiendo su nariz jugando con lo más íntimo de mi. Disfruto de él como de los buenos vinos, de su conversación, de sus consejos cuando me he visto entre la espada y la pared, de verlo mirar películas y quedarse enganchado mirando la pantalla como si fuera un niño. Lo siento tan cerca siempre que parece no haber distancia ni tiempo que me haga olvidar su olor. Han pasado casi cuatro años desde que lo conozco y aún siento mariposas en el estómago cuando aparece por la puerta o me escribe. Lo conozco tanto que creo poder adivinar incluso lo que lo separa de mi. No lo juzgo. No le pido más de lo que me quiere dar. Disfruto de la parte de él que me pertenece sin él saberlo y la cuido como un tesoro. Siento una conexión espiritual tan fuerte con él que a veces me parece verlo en el espejo mientras maquillo mis ojeras. A veces quiero superar todas mis dificultades, en gran parte, para que él se sienta orgulloso de mi. Siento paz y me relaja saberlo tranquilo y contento aunque no sea conmigo. Conozco sus jugadas. Sé por dónde va cuando me dice cosas. Sé cuándo siente miedo de resbalar y caer en la tentación de rozar mi boca. Sé medir mis acciones cuando quiero verlo, cuando quiero despertar su curiosidad. Sabría hasta cómo hacerle sentir mal. Por más camas que desordene no hay cama donde me sienta más diosa que en la suya, no hay cama cuyo rechinar me sea tan familiar y no hay sudor que me de más gusto saborear. Sé embriagar sus sentidos aún y en contra de su consciente voluntad. Le coqueteo por naturaleza; instintivamente. Lo deseo y sé cuándo me desea y cuándo no. Sé muy bien el efecto que le produce que moje mis labios. Le hablo desde el corazón y con el corazón. Lo miro con transparencia indefensa. Le hablo con voz de hija, de amiga, de amante, de hermana, de madre. Con él me siento esclava de mis deseos y presa de una línea que no puedo pasar. Me excita su ele catalana, sus gestos cuando quiere que lo haga pecar, su lengua dando vueltas con la mía, su barba en mi cuello. 

Pero.. no me dio la oportunidad de hacerlo feliz. Prefirió agarrarse de algo más firme y tranquilo. No tuvo valor para enfrentar sus prejuicios, sus estereotipos y para retar a la vida con alguien quince años menor que él. No quiso esperar a que yo superara mis barreras. 

El sentimiento que me une inexorablemente a D. es más fuerte que el sexo, más fuerte que una relación de pareja típica e incluso, para mi, más valioso que todo eso. Él sabe que me tendrá más allá de la muerte y yo sé que hay un espacio en su alma donde yo gobierno.

E.


dissabte, 3 d’agost del 2013

Missing you now.

I talk to you but it's not the same as touchin' you 
And every time you whisper my name, I wanna to run to you.


    Lo que me pasó con P. el año pasado es digno de escribir una novela. Aún me hace sentir mariposas en el estómago recordarlo, pero no mariposas de amor ni de alegría, sino de aquellas mariposas que sientes cuando algo te pone nerviosa, cuando te carcome la impotencia y luego, el sabor amargo típico de no poder hacer nada al respecto. 

     Fue una locura.

    Conocí a P. por casualidad. Coincidimos en el mismo lugar, a la misma hora y sólo estábamos él y yo. Después de conversar un poco nos dimos los números de teléfonos y al cabo de dos o tres días comenzamos a hablar todos los días por teléfono, por whatsapp. Primero minutos, luego horas. A la semana, nos veíamos todas las noches por Skype, como si de una cita se tratase. Vivíamos a 10 minutos de distancia en coche, pero P. y yo trabajamos todo el día y él, particularmente, tenía una vida bastante complicada. Quizá la realidad es que nos convenía refugiarnos el uno con el otro en un momento nocturno, antes de dormir él solo y yo sola, pero.. sin mayor expectativa. Quizá por eso no nos veíamos tan seguido en persona. Se volvió un juego dependiente. Cada uno hacía su vida por el día y por las noches teníamos una cita de lo más divertida frente al ordenador, a veces con vino incluido. Pasábamos horas hablando y riendo. Luego pusimos límites... porque madrugar con 4 horas de sueño no era fácil.

    Finalmente comenzamos a quedar los sábados por la noche y algún día en la semana antes de ir a dormir.

   Comencé a convertirme en su paño de lágrimas. Él comenzó a ser mi almohada. P. tenía complicado hasta el apellido. Pocos meses antes se había divorciado, tenia un bebé muy pequeño que custodiaba de forma compartida y por quien iba a pelear sin descanso por poderlo custodiar exclusivamente. Además, como si fuera poco, aún no superaba haber fracasado en su matrimonio. 

    P. es muy romántico. Nos enviábamos canciones. Nos regalábamos CDs, detalles. Hacíamos tonterías de quinceañeros. Nos comenzamos a compenetrar tanto que ya no concebía mis noches sin sus buenas noches. Ya no quería compartir mis ratos con más nadie que no fuera él. El grado de intensidad de nuestra "pequeña" relación no era proporcional al tiempo que teníamos conociéndonos. 

   No nos conocíamos.

   ...Pero yo sentía que si me llamaba podía salir corriendo en bata y pantuflas donde estuviera. Realmente llegué a amar sus ojos verdes, su sonrisa de lado, sus manos suaves.

    P. y yo no teníamos nada en común. No nos parecíamos. Su vida era muy distinta a la mía. Su cultura, sus costumbres, sus posibilidades, sus ingresos, sus ganas, su depresión, su dolor era distinto al mio... pero nos unía algo mayor. Nos unió una dulzura que nunca antes habíamos vivido. 

     P. tenía una lucha en su cabeza y la quería lograr. Yo estorbaba en sus propósitos y en su objetivo principal que era tener a su bebé con él. 

     Y a pesar de un día haberlo roto todo de golpe, a pesar de la rabia y la impotencia, lo extraño.  

                       V.

divendres, 2 d’agost del 2013

Cambia.. todo cambia.



...Así como cambio yo, en estas tierra lejana.

....Pero no cambia mi amor por más lejos que me encuentre, ni el recuerdo ni el dolor de mi pueblo, de mi gente.

   Sí. Todo cambia. Mentiría si dijera que no he cambiado yo. Estos años fuera de mi país me han hecho crecer mucho, sí, pero también me han hecho endurecer, aprender a resistir. Deprimirse no es una opción cuando te encuentras responsable de una familia y en un país que no está en su mejor momento para nadie. 

   Hace años blogueaba. Lo hacía con bastante comodidad. De hecho, dedicaba demasiado tiempo a ello. Me ha hecho bien desconectar por un tiempo. Sin embargo, he decidido volver a escribir. Me hace bien darle forma a mis pensamientos y drenar. Creo que así dormiré más tranquila. 

    Nada ha sido fácil. Volver a empezar no es NADA fácil, pero si que es verdad que me ha costado menos que a mucha gente. He tenido muchísima suerte y no he desmayado ni un segundo (lo que no quiere decir que un día no pueda reventar por el lado más débil). No he perdido el tiempo. Todo lo contrario. Creo que he tenido un furor ansioso por recuperar tiempo perdido en el pasado. Quiero convencerme de que cada cosa tiene su momento y que los momentos son distintos para cada quien.... pero me cuesta. Es difícil no compararme con mis amistades o familiares. 

   Eso sí. Todo hay que decirlo: no me arrepiento de lo que he vivido. De la gente que he conocido. De los hombres que he querido. De las flores que he sembrado. De la música que he oído. De los idiomas que he aprendido. De los besos que he robado. De los ojos que me han mirado. De los dedos que he mordido. De los suspiros que he tenido. De las risas, de los sabores, de los colores... del mar. No me arrepiento de haber salido de mi cascarón y echado a volar.

    Lo que ha de ser, será. Todo cambia... que yo cambie no es extraño.

                             V.